ESTUDIO EN BMJ
LOS MITOS DE LA MEDICINA, AL DESCUBIERTO
CRISTINA G. LUCIO
'Para mantenerse sano hay que beber al menos ocho vasos de agua
al día'. ¿Cuántas veces ha escuchado esta recomendación?
¿Decenas? Probablemente incluso la haya leído en algún manual...
Sin embargo, no hay ninguna evidencia científica que demuestre
los beneficios de ingerir grandes cantidades de agua; más bien
todo lo contrario. Se trata, por tanto, de una creencia falsa,
como también lo es decir que leer con poca luz daña la vista o
que el vello crece más fuerte y más rápido tras afeitarlo.
Un artículo publicado en el último número de la revista 'British
Medical Journal' se encarga de destapar estos y otros mitos
médicos que, como las leyendas urbanas, han pervivido a lo largo
del tiempo sin ser sometidas a una revisión crítica.
"La creencia de que usamos tan sólo un 10% de nuestro cerebro ha
persistido durante más de una década. (...) Pero, en realidad,
un gran número de estudios demuestran que no existe ningún área
del cerebro completamente inactiva", explican Rachel C. Vreeman
y Aaron E. Carroll, los autores de este trabajo que ha revisado
la literatura médica en busca de cualquier evidencia que pruebe
o descalifique este tipo de afirmaciones.
"En algunos casos no encontramos evidencias científicas que los
confirmaran, en otros, vimos que habían sido estudiados y se
probaba que eran falsos", comentan.
Además de los mitos citados, estos investigadores también han
puesto de manifiesto que son falsas las creencias que comer pavo
provoca somnolencia o que usar teléfonos móviles en los
hospitales es peligroso porque puede interferir con la
tecnología médica. "A pesar de las preocupaciones, apenas hay
evidencias de ello (...) Un amplio estudio de anestesistas
incluso mostraba que el uso de teléfonos por los médicos del
hospital se asociaba con un riesgo menor de errores médicos o
lesiones, ya que evitaban retrasos en las comunicaciones",
apuntan.
"A pesar de su popularidad, todas estas creencias médicas o no
están probadas o, directamente, son inciertas", comentan estos
autores, quienes también han aclarado que, lejos de lo que
popularmente se cree, ni las uñas ni el pelo continúan creciendo
tras la muerte.
"Este mito tiene su base en un fenómeno biológico que puede
ocurrir después del fallecimiento", aclaran. "La deshidratación
del cuerpo y la desecación pueden conducir a la retracción de la
piel alrededor de las uñas y el pelo", lo que puede dar imagen
de crecimiento o mayor longitud.
"En realidad, el crecimiento del pelo y las uñas requiere una
compleja regulación hormonal que no perdura tras la muerte",
comentan
En su trabajo, estos investigadores remarcan que a pesar de que
los doctores saben que la práctica médica requiere una constante
renovación de conocimiento, a menudo asumen que las creencias
médicas existentes no necesitan volver a ser examinadas.
"Los profesionales deberían hacer más para profundizar en las
evidencias que apoyan sus decisiones médicas. Por lo menos,
deberían poder darse cuenta de cuándo están basando su práctica
en la tradición, lo anecdótico o el arte", concluyen.
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